Las calles de arena

Autor: Paco Roca.

Editorial: Astiberri.

El genial autor valenciano Paco Roca vuelve a estar en boca de todos gracias al éxito de su último álbum, El invierno del dibujante, que mereció hace cosa de una semana dos de los premios del Saló del Còmic, en la categoría de mejor obra española y mejor guión.

Aprovechando su vigencia, me gustaría recomendaros Las calles de arena, una obra anterior de Paco Roca que merece muchísimo la atención y que desgraciadamente ha pasado algo desapercibida, quizás solapada por el inmenso éxito (merecidísimo, por otro lado) de Arrugas.

Las calles del agua explica la historia de un joven despistado y atolondrado que, un buen día, intentando acortar camino para llegar a tiempo a una cita, se interna en el Barrio Viejo de su ciudad. Pero el Barro Viejo es un laberinto de calles oscuras, del que el protagonista es incapaz de encontrar la salida. Finalmente, decidirá hospedarse en un hotel llamado La Torre y pasar allí la noche. A partir de aquí, todo empieza a perder la lógica y el joven quedará atrapado en un mundo sin salida en el que el tiempo se convierte en una cárcel. Paco Roca esparce por este mundo un puñado de insólitos y entrañables personajes, a los que descubriremos a través de los ojos del protagonista: la recepcionista del hotel que no consigue encontrar nunca un segundo para irse a sus añoradas vacaciones a África; el anciano que hace recuento una y otra vez de los objetos que necesita antes de salir a la calle en una secuencia interminable; el hombre que intenta morir haciéndose el muerto dentro de un ataúd; otro que se dedica a dibujar mapas escala 1:1 de la ciudad.

Historias que ocurren en un Barrio, o una ciudad, que es un mundo en sí mismo, cuyo hotel es una torre que asciende hasta los cielos cual torre de Babel; que tiene mar y puerto; donde las mujeres son la misma mujer multiplicada hasta el infinito.

Las calles del agua es una suerte de Alicia en el país de las maravillas contemporáneo, en el que la ciudad y sus calles sustituyen al mágico mundo campestre de la obra de Lewis Caroll. Aquí, las calles son una cárcel de espacio y de tiempo, pero también son el lugar dónde las historias se crean.

Paco Roca demuestra, una vez más, una gran sensibilidad para narrar, para fascinarnos con los pequeños detalles de sus historias, con su trazo claro pero inmensamente eficaz.

Hacedme caso: no os perdáis esta historia.

Si os gusta este cómic, no os perdáis: Arrugas, también de Paco Roca, no en vano galardonada con el Premio Nacional del Còmic. Una obra maestra y uno de los cómics más emocionantes y duros jamás escritos.

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Cable, de Casey y Ladrönn (Segunda Parte)

 

El dibujante mexicano José Ladrönn, por aquel entonces un total desconocido, sorprendió a propios y extraños con su estilo gráfico. Los lápices de Ladrönn parecían poseídos por el espíritu de Jack Kirby, y sus primeros números en Cable parecían dibujados por el maestro resucitado. Con todo, a medida que avanzaban los números, Ladrönn fue desarrollando su estilo, que se acercó más a la estética del cómic europeo, con evidente influencias de Moëbius y la saga del Incal.  Además, en una época en que cualquier dibujante  se vanagloriaba de presentar dos o tres splash-page (viñetas de una o dos páginas) por número (la mayoría de las veces sin justificación), Ladrönn era capaz de dibujar páginas con hasta 20 viñetas. Esto permitía a Casey desarrollar episodios más densos de contenido: a buen seguro, el argumento de un solo episodio de Cable equivaldría a una saga de 6 números de Brian Michael Bendis.

El tandem Casey-Ladrönn llegó a una compenetración absoluta: sabían que estaban creando algo diferente, y los argumentos de Casey parecían estar hechos para que Ladrönn se luciera: episodios como el del Secreto Máximo o el Contrato Némesis  permitían a Ladrönn la recreación gráfica de mundos de ciencia-ficción poblados de personajes con extraños atuendos.

Desafortunadamente, a pesar de las excelentes críticas recibidas, lo diferente no siempre es bien recibido, y el estilo de Ladrönn no acabó de convencer a los lectores habituales de la colección. Las ventas de Cable empezaron a caer y la editorial decidió cambiar de dibujante: el último número de Ladrönn sería el 70 USA. Joe Casey, solidarizado con el dibujante, anunció que se retiraba también en el mismo número. Su marcha era prematura e impedía que se cerraran a tiempo muchas de las tramas que había abierto. Aun así, el último ciclo Casey-Ladrönn tuvo sensación de final: primero nos introdujeron en la cataclísmica batalla entre Nathan y el Heraldo de Apocalipsis, que arrastraría a Cable hasta el mundo del Máximo Secreto; finalmente, de regreso a Manhattan se enfrentará a su propia condición de Mesías, a través del combate contra Caesar, antiguo creyente de las profecías de las Askani, cuya fe ha quedado corrompida al chocar con el escepticismo de Cable hacia su condición de líder espiritual; y dedicarán una splash-page final a cerrar la historia de amor entre Cable y la camarera Stacey.

Los argumentos que quedaron inconclusos, como el misterio de los Doce y la batalla final contra Apocalipsis fueron afortunadamente rescatados por el gran Alan Davis, unos meses después, en las dos series de X-Men. No obstante, la saga ya no giraba en torno a Cable (que sí participaba en la aventura) sino en su padre, Cíclope. Aun así, tuvimos un acierto de conclusión a una etapa magnífica.

¿Qué fue de Joe Casey y José Ladronn después de abandonar Cable?

Joe Casey realizó varios trabajos para Marvel, DC y Wildstorm, de los que me gustaría destacar especialmente su labor en Wildcats y Wildcats 3.0, series a las que dotó de un rumbo inaudito, cuando decidió convertir a sus personajes, un grupo de superhéroes, en empresarios de una multinacional. El resto de sus trabajos no han sido tan celebrados y cabe decir que se pegó un batacazo importante cuando intentó revolucionar la Patrulla-X: sus episodios no encontraron el tono adecuado y salían perdiendo en comparación con Nuevos X-Men, donde Grant Morrison y Frank Quitely estaban maravillando al personal. En la actualidad, es uno de los alma maters del colectivo artístico Man of Action, creadores de la serie de televisión Ben 10.

José Ladrönn siguió evolucionando y revolucionando Marvel con sus trabajos en Inhumanos y Los 4 Fantásticos. Ganó el Premio Eisner en 2006 por su álbum Hip Flash. En la actualidad, trabaja codo a codo con el shaman de la sci-fi europea, Alejandro Jorodowsky, en las sagas del Incal y con nuevos episodios de Hip Flash.

Una petición: ahora que las editoriales españolas están lanzadas a reeditar material de los 80 y 90 en ediciones de lujo, sería de justicia recuperar estos episodios de Cable para que pudieran descubrirlos todos aquellos que se los perdieron en su momento ( y que por la escasa relevancia del personaje, deben ser muchos).

Web de Man of Action, grupo al que pertenece Joe Casey:  http://www.manofaction.tv/

Web con una interesante galería de ilustraciones de Ladrönn: http://www.comicartcommunity.com/gallery/categories.php?cat_id=416&page=1

 Si te gusta Cable, te gustará: los episodios de Wildcats de Joe Casey, donde da una vuelta de tuerca total al concepto del super-grupo, en el tratamiento más original y sorprendente visto hasta el momento.

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Cable, de Casey y Ladronn (Primera parte)

Autores: Joe Casey y José Ladronn.

Editado por Planeta de Agostini entre 1998 y 1999 (números 29 a 49 de la serie Cable; y números 1 y 2 de la serie Universo X; corresponden a los números 48 a 70 de la serie original americana)

Pongámonos en situación: estamos a finales de los 90. La editorial Marvel apenas ha levantado cabeza después de la debacle artística que supuso la irrupción de la generación Image, que convirtió los comics en un escaparate de músculos,  armaduras, posturas forzadas y guiones lamentables. La llegada del guionista Kurt Busiek fue una luz al final del túnel, pero todavía faltaban unos años para la llegada del editor Joe Quesada y de la mejor generación de guionistas en años.

En este panorama, la franquicia-X se había multiplicado hasta la extenuación: dos series dedicadas al grupo principal, X-Men, otra a su icono Lobezno, más los cachorros de Generación-X, X-Force, y las innecesarias Mutante-X, X-Man y, por supuesto, Cable. Nathan Dayspring Summers, alias Cable, fue una creación de Louise Simonson para la serie Nuevos Mutantes: destinado a convertirse en líder del grupo,  representaba la antítesis al pacifismo del Profesor-X: Cable, ataviado siempre  como un soldado, armado hasta los dientes y de expresión furiosa, se había curtido en la guerra y no hacía ninguna concesión al enemigo. Con el tiempo nos enteramos que, en realidad, Nathan era el hijo de Cíclope y Madeleyne Prior, enviado al futuro cuando apenas era un recién nacido para poder curarse de un virus tecno-orgánico que devoraba su cuerpo, y devuelto de nuevo al presente como un adulto para poder evitar que el villano Apocalipsis convirtiera la Tierra en un infierno.

Comparemos: el Cable guerrillero de los 90...

Comparemos: el Cable guerrillero de los 90...

... y el Cable mesiánico de Casey y Ladronn.

... y el Cable mesiánico de Casey y Ladronn.

Los números que os comento supusieron una brutal ruptura de la dinámica descerebrada de los episodios anteriores, y recondujeron al personaje a una total reinterpretación. La etapa arrancó con los guiones del reputado James Robinson, aunque  abandonó la labor al cabo de tres números. Él mismo propuso a su sustituto, el entonces desconocido Joe Casey, un librero que debutaba por primera vez como guionista profesional. Casey no sólo mantuvo las propuestas de Robinson, sino que convirtió la serie en una genial mezcla de cómic de superhéroes y ciencia-ficción de tintes mesiánicos. Los aspectos principales que marcan esta etapa son los siguientes:

-          En primer lugar, distanciaron a Cable del resto del universo mutante, y lo acercaron a los personajes tradicionales de la editorial, lo que propició apariciones especiales de personajes como los Vengadores, Paladín, Union Jack, Pantera Negra y otros.

-          Dotaron a Cable de un buen reparto de personajes secundarios, la mayoría femeninos, que ayudaron a humanizarlo. Destaca  la periodista Irene Merryweither, que se convierte en la compañera de Cable y cronista de sus aventuras; y la camarera Stacey, amiga, confidente y finalmente gran amor de Nathan durante estos episodios.

-          Eliminaron el componente bélico, reduciendo el arsenal de Cable al Psimitar, una lanza mística capaz de canalizar sus poderes telequinéticos. También redujeron la variedad de sus poderes mutantes, prescindiendo de la telepatía.

El hilo conductor de estas aventuras es el camino hacia el inevitable enfrentamiento final entre Cable y Apocalipsis, al que parecen irremediablemente destinados. Una de las virtudes de esta etapa es que, desde el principio, el lector tiene la sensación de que la historia avanza hacia un final y de que el combate que predicen las profecías está cada vez más cercana. Apocalipsis, curiosamente, apenas aparece en estos episodios, pero su presencia sobrevuela toda la historia, como una amenaza invisible que condiciona la vida de todos los personajes.

La primera historia, de 6 episodios, narra el intento del Club Fuego Infernal de localizar la guarida oculta de Apocalipsis y apoderarse de su armamento y recursos energéticos con oscuros fines. Durante el transcurso de la historia, Sebastian Shaw y sus acólitos despiertan al Heraldo de Apocalipsis, que dormitaba en el sótano de una mansión inglesa desde hacía un siglo. El Heraldo, más máquina que hombre, debía anunciar la llegada de su Señor e iniciar el camino a la devastación. Cable y el Heraldo protagonizaran una apoteósica batalla en los últimos episodios de Joe Casey al frente de la serie que pondrá a la isla de Manhattan en situación de emergencia absoluta.

Apocalipsis y su heraldo, preparando el exterminio.

Apocalipsis y su heraldo, preparando el exterminio.

A lo largo de la veintena de números escritos por Casey se fueron introduciendo conceptos que ayudaron a crear esta sensación de épica y misticismo: la orden de las Askani, los creyentes, la lanza Psimitar, las profecías de Ozymandias, el secreto de los Doce, viajes en el tiempo, el Máximo Secreto y un sinfín de ideas extraordinarias.

Casey estaba decidido a llevar la serie hasta las últimas consecuencias. Desafortunadamente, no pudo ser así. El causante de que tuviera que abandonar la serie sin cerrar todas las tramas, fue la misma persona que ayudó a redondear la fantasía de estos números, con sus sorprendentes ilustraciones inspiradas en Jack Kirby: el dibujante José Ladronn.

(continuarà…)

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THOR

Autores: Kieron Guillen (al guión); Billy Tan, Richard Elson y Doug Braithwaite (al dibujo)

Editorial: Panini Comics (números 29 al 37 de la edición española).

 

Thor está de moda. Inevitablemente, si nos atenemos a la expectativa que está causando el inminente estreno de su adaptación cinematográfica, dirigida por Kenneth Branagh. De hecho, la editorial Panini no ha desperdiciado esta oportunidad y ha saciado la demanda de historias de Thor con un buen número de tomos y ediciones especiales aparecidos. Algunos, como los Relatos de Asgard (publicados en los años 60 obra de Stan Lee y Jack Kirby) abrirán las puertas a los neófitos al universo de Thor, una interesantísima mezcla entre las fuentes mitológicas nórdicas y los elementos pop propios del cómic de superhéroes.

Sin embargo, la colección regular del personaje, allí donde se narran los acontecimientos actuales en la vida del personaje, ha estado algo deambulante. La serie arrancó desde un nuevo número 1 con el atractivo de contar en los guiones con J.M. Straczynski (apoyado en los dibujos por un esforzadísimo Olivier Coipiel). Straczynski empezó aburriendo soberanamente, aunque pronto le cogió el punto a la serie y se volcó en una trama de tintes conspiratorios en la que un afeminado Loki urdía un plan maestro para expulsar a Thor de Asgard y hacerse poco a poco con el poder, aprovechando que el gobernante de Asgard era el, a priori, manipulable Balder.

Sin embargo, Straczynski abandonó el barco cuando mejor navegaba: la editorial tenía sus propios planes con THOR, y había decidido incluirla en el último gran acontecimiento de Marvel, Asedio, saga en la que Asgard y sus habitantes estaban en el centro de una gran batalla entre héroes y villanos. El guionista, harto de la intromisión de la editorial en su obra (ya lo hizo en Spiderman) dejó la serie, cerrando a duras penas las tramas que había abierto.

Para solucionar la papeleta, y ligar cabos hasta la llegada del nuevo guionista regular, Matt Fraction, Marvel contrató a Kieron Guillen, guionista no demasiado conocido, y que ha resultado ser más solvente de lo esperado.

En los números que ha guionizado, Guillen ha retomado con acierto el argumento de la serie allí dónde lo dejó Straczinsky (con Thor desterrado y los asgardianos exiliados en Latveria, por sugerencia de Loki), a través de 3 sagas: Prometeo Latveriano, que explica la batalla entre los asgardianos y el Dr. Muerte; Ragnarok, que recoge los acontecimientos colaterales a la saga Asedio; y La letra pequeña, en la que Thor debe viajar al infierno de Mefisto para salvaguardar las almas de los dioses muertos en batalla de la amenaza de las  Dísir, terribles criaturas que devoran las almas de los caídos.

Guillen se mueve bien entre el universo de los asgardianos, sabe sacar partido de los secundarios y potencia el elemento épico. No llega a sorprender pero resulta siempre entretenido. Acierta plenamente en la recuperación de las Dísir y de personajes olvidados como Tyr, el dios de la guerra. Por el contrario, nos ofrece un Thor con pocos matices, y un Balder soso y desinflado, que tiene poco de rey de Asgard y demasiado de peón. Desde luego, Guillen no es Simonson, pero teniendo en cuenta que sabía desde el principio que estaba en la serie para cubrir un hueco, realiza episodios más que correctos.  

La editorial parece que ha comprendido las posibilidades de Guillen y le ha ofrecido una oportunidad única de lucimiento: el relanzamiento de la Patrulla-X, serie totalmente a la deriva en la actualidad, y que puede servir para confirmarle como un guionista a tener en cuenta en el futuro.

Ahora, sólo nos queda esperar la llegada del nuevo tándem creativo, compuesto por el siempre interesante Matt Fraction y el magnífico dibujante español Pasqual Ferry.

Trailer de la película de THOR:

Blog de Kieron Guillen: http://www.kierongillen.com/

Si te gusta este cómic, te gustará: el clásico entre los clásicos de THOR, la etapa de Walter Simonson que arrancó con la Saga de Surtur, episodios que ya forman parte de la historia del cómic y que Panini ha recopilado recientemente en volúmenes.

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Rin-ne

Autora: Rumiko Takahashi.

Editorial : Planeta deAgostini.

 

Desde que Inuyasha, la anterior obra de Rumiko Takahashi, superó la veintena de volúmenes, entró en un letargo creativo que no desapareció hasta su estiradísimo final. Está claro que a Takahashi se le agotaron las ideas, pero el éxito de Inuyasha la arrastró a poner el piloto automático y seguir con la serie hasta que los lectores se cansaron de las peripecias de Inuyasha, Kagome y compañía. Finalizada Inuyasha, los seguidores de la maestra Rumiko esperábamos con verdadero interés la aparición de su nueva serie, Rin-ne, con la esperanza de recuperar a la Takahashi fresca, divertida y genial de los años 80 y 90.  

Sin embargo, leídos los dos primeros volúmenes de Rin-ne, la decepción no puede ser más grande: Rin-ne parece directamente un remake de Inuyasha (o su continuación) en la que tan solo se ha tomado la molestia de cambiar el concepto de medio-demonio del protagonista por el de medio-shinigami; a las protagonistas femeninas, Kagome y Sakura, tan solo las diferencia que esta última se peina con coletas; y en lugar de un niño con cola de zorro tenemos un niño con aspecto de gato. ¿Qué ha ocurrido con la imaginación desbordante de la maestra japonesa del manga?

 Repasemos el argumento: Rin-ne situa su acción en un típico instituto japonés. Allí, la estudiante Sakura Mamiya conoce a Rin-ne Rokudo, un chaval vestido siempre de chandal y con graves problemas económicos que tiene la capacidad de convertirse en espíritu y conducir a las almas errantes de los muertos hacia el cielo. Esto es así por que Rokudo es medio humano, medio-shinigami, es decir, uno de los dioses de la muerte que según el folklore japonés acompañan a los difuntos al otro mundo.

Todo esto lo avergua Sakura porque, desde niña, tiene la capacidad de ver a los muertos. Lejos de vivirlo con el dramatismo del protagonista de El sexto sentido, Sakura se lo toma con filosofía y paciencia. La relación de amistad entre Rokudo y Sakura los llevará a vivir aventuras a medio camino entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Uno de los pocos elementos originales de la serie es la deteriorada situación económica de Rokudo, que vive en el lindar de la pobreza, y a la que Takahashi intenta sacarle partido cómico: por ejemplo, por cada captura de un espíritu, Rokudo le cobra a Sakura una determinada cantidad en yenes; la ironía está en que, lo que para ella es una minucia (500 yenes, 10 yenes) para él es una fortuna. Además, para subsistir, Rokudo se alimenta exclusivamente de las ofrendas que le hacen los atemorizados alumnos del instituto. No obstante, la broma de las monedas resulta simpática al principio pero acaba perdiendo fuerza y ya en el volumen 2 apenas encuentra razón de ser.

 Es cierto que la profesionalidad de Takahashi está fuera de toda duda: es una gran narradora, explica las historias con claridad, simpatía y sus cómics son siempre entretenidos. El problema es que esta historia ya nos la ha contado, y carece de la chispa de la Rumiko de Lamu, Ranma ½ o Maison Ikkoku, series que la lanzaron al estrellato a golpe de genialidad.

 De momento, y a la espera de la aparición de los próximos volúmenes, a los que daremos una oportunidad, le doy un suspenso rotundo a la nueva obra de Rumiko Takahashi.

 La edición española: Es correcta y fiel a la original, aunque no ayuda demasiado la escandalosa periodicidad de publicación: el primer volumen apareció a finales de octubre; el segundo, en marzo.

Trailer de l’anime de Rin-ne:  

 Quizás no te guste Rin-ne, pero prueba:  cualquiera de las obras que llevaron al estrellato a Rumiko Takahashi. Desde Lamu, la obra que la dio a conocer a finales de los 70 y en la que puede apreciarse la maduración de su estilo gráfico y de su humor caótico (publicada en 18 volúmenes) hasta Ranma ½, la serie que la hizo famosa en Occidente, protagonizada por un chico que se convierte en chica cuando se moja con agua fría (36 volúmenes), pasando por Maison Ikkoku, la historia de amor entre la dueña de una residencia de estudiantes y uno de sus inquilinos, donde aflora una Takahashi más romántica pero también más madura, aunque sin abandonar un ápice su sentido del humor (10 volúmenes). Todas estas obras han sido publicadas excelentemente por la editorial Glénat.

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Los 4 Fantásticos

Autores: Jonathan Hickman y Dale Eaglesham.

Editorial: Panini Comics.

Resulta sorprendente que unos personajes de cómic con 40 años de publicación ininterrumpida a sus espaldas, sigan ofreciendo cada mes aventuras rebosantes de frescura. Es cierto que no siempre ha sido así, y que no todos los autores han sabido sacar partido al cuarteto de superhéroes de Marvel Comics. Sin ir más lejos, la reciente etapa de J. Michael Straczinski resultó decepcionante: quizás su error fue intentar redefinir unos personajes que están perfectamente definidos tras cuatro décadas de historia, cuando lo único que debía hacer era contar historias sencillas, imaginativas y fantásticas.

Precisamente eso es lo que ha hecho el actual guionista, Jonathan Hickman, incorporado a la serie desde el número 570 USA (núm. 29 de la edición Panini): ha devuelto a Los 4 Fantásticos su rol de aventureros de lo desconocido, que tan bien trataran en sus respectivas etapas Stan Lee, John Byrne, Walt Simonson y Mark Waid; les ha servido en bandeja nuevos mundos desconocidos que explorar; nos ha recordado que el verdadero centro de gravedad de los 4F es Reed Richards; ha potenciado uno de los aciertos de la etapa de Mark Millar: la super-inteligencia oculta de Valeria, la hija de 4 años del matrimonio Richards; y está germinando un argumento a largo plazo materializado en esa mini-escuela de genios freaks, el amparo de Mr. Fantástico, a la que ha llamado Fundación Futuro.

Y todo esto hilvanado por un macro-línea argumental, que va subiendo o bajando de intensidad e importancia en función de las necesidades del autor, llamada La Guerra de las 4 Ciudades, una historia que todavía no ha finalizado en la publicación en USA. De momento, en los números publicados en nuestro país hemos conocido la naturaleza de esas 4 ciudades: cada una de ellas, relacionada con un elemento (Attilan, el aire; la ciudad subterránea del Alto Evolucionador, la tierra; etc.), y apadrinada por uno de los miembros de los 4 Fantásticos. El conflicto, aún por estallar, alcanzará dimensiones trágicas, según las noticias que nos llegan de la edición americana, con el fallecimiento de uno de los miembros de los 4 Fantásticos y la reconversión de la serie desde un nuevo número 1 y, lo que es más inaudito, con un nuevo título: Future Foundation.

Los guiones de Hickman recuperan el sabor clásico de los 4 Fantásticos sin ser decididamente retros; ayudan a potenciar este sabor los dibujos de Dale Eaglesham, que parece inspirarse intencionadamente en Jack Kirby, el padre gráfico de los 4F.

Como nota negativa, tan solo reseñar que, en algunos episodios, da la sensación que a Hickman se le quedan cortas las 22 páginas del tebeo, y eso lleva a apresurar la historia y dar cierta sensación de atropello. Si esto fuera el cine, estaríamos todos esperando una versión extendida de estos números.

Añadir que el número 39  incluye un Annual americano, que, a pesar de no contar con la batuta de Hickman, mantiene perfectamente el tono y la frescura de la serie regular: en él, el guionista Joe Ahearne nos explica las consecuencias de un flirteo nocturno de la Antorcha Humana: la posibilidad de que Johnny Storm deje embarazada a una joven se convierte en un complejo escenario de ciencia-ficción, con viaje al interior del cuerpo humano incluido. Una divertida mezcla de sitcom y ciencia-ficción.

Blog de Jonathan Hickman: http://www.pronea.com/

Web del dibujante Dale Eaglesham: http://www.daleeaglesham.com/

Si te gusta este cómic, te gustará: Guerreros Secretos, otro título Marvel que cuenta con guiones de Jonathan Hickman.

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Groenlandia-Manhattan

Autora: Chloé Cruchaudet.

Editorial: Norma Editorial, dentro de la colección Nómadas (núm. 31).

 

Groenlandia-Manhattan nos relata un hecho verídico, ocurrido en 1897, cuando un grupo de exploradores estadounidenses, capitaneados por el comandante Robert Peary, volvieron de las heladas tierras de Groenlandia con algo más que riquezas materiales: con ellos venían un grupo de esquimales, entre ellos Minik, el protagonista de la historia.

Cruchaudet se basó en el documental ¿Quién se acuerda de Minik?, de la realizadora Delphin Deloget para ficcionar el choque cultural de esos cinco esquimales, cuyas vidas habían corrido completamente ajenas a la civilización moderna, con el Nueva York de finales del siglo XIX, y como ese choque deteriora, no solo las señales de identidad de los indígenas, sino su salud misma. Cruchaudet no se detiene ahí y su relato nos lleva a preguntarnos qué ocurre cuando intentamos recuperar las raíces que dejamos atrás en el tiempo.

Una de las virtudes de la historias basadas en hechos reales es que multiplican la sensación de asombro y fascinación de lector cuando la historia real es fascinante. Y en este caso, lo es. Ayuda además el trabajo gráfico de Cruchaudet, que nos ofrece fantásticas secuencias, como los retorcidos sueños de Minik, su visión del entorno urbano, y grandes estampas pictóricas, como la visión de la metrópolis desde el buque.  

Un par de escenas memorables del álbum: el encuentro de Minik con el cadáver de su padre en el Museo de Historial Natural, y su llegada a Groenlandia, cuando su barca se cruza en la orilla con la de su captor, Robert Peary.

Para redondear el volumen, encontramos un epílogo escrito por Delphin Deloget, que incluye material fotográfico de la expedición original, donde podemos apreciar el aspecto real de Minik, Peary y el resto de protagonistas de la historia.

Cruchaudet mereció por esta obra el Gran Premio Goscinny de 2008, otorgado al guionista de historietas más detacado del año.

Blog de la autora:  http://cruchaudet.blogspot.com/

Si te gusta este cómic, te gustará: Endurance, otra historia ambientada en expediciones a las tierras de hielo del norte.

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